Historia de Galicia

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El nombre de Galicia deriva de Gallaecia, que era como llamaban los romanos a la región del noroeste de la península ibérica al norte del Duero y al oeste del río Pisuerga. Se asume que la zona estaba habitada desde el Neolítico, pero su denominación se debe a pobladores celtas asentados allí entre el 2300 y el 1800 a.C. A ellos les llamaban los griegos, alrededor del siglo I a.C., kallaikoi, para diferenciarlos de otros pueblos célticos de toda Europa. De este nombre, debido a la ciudad de Cale (de la raíz indoeuropea kala: refugio), actual Oporto, se llegó a la actual Galicia, que se afianzó en 298 d.C., cuando Diocleciano creó la provincia romana.
 
Los pobladores celtas resistieron fieramente la dominación romana, durante décadas, hasta que se impuso la Pax Romana entre el 23 y el 19 a.C. El proceso de romanización tomaría unos cuatro siglos.
 
Al caer el Imperio, los pueblos germánicos invaden la europa occidental. Son los suevos los que se establecen en la región gallega en 409, proclamando rey a Hermerico. En 449, Requiario adopta el cristianismo. En 456, los visigodos vencen a los suevos y se impone otra vez el arrianismo. Sobreviene entonces una época oscura, que terminará alrededor del 550, con la vuelta al cristianismo. En esas fechas, llegan a las costas gallegas y asturianas celtas bretones, que son el último elemento étnico afincado en la zona. En 585, finalmente desaparece el reino suevo ante la ofensiva visigótica.
 
Pasado el tiempo, Galicia es una de las pocas regiones de la península que no cae en poder de los árabes. En el siglo VIII, Alfonso II el Casto manda construir un tempo sobre la tumba del Apóstol Santiago. Esto y la batalla de Clavijo tendrían una enorme influencia en el futuro no solo de Galicia, sino de toda la península e incluso de Europa. Es sobre la base del culto al Apóstol que, siglos después, se logrará la Reconquista.
 
Bajo Fernando III, Galicia se une con el Reino de Castilla en 1230. Como se sabe, tras la Reconquista se da la unión de todos los reinos en el Reino de España.
 
Con los siglos, la región sufre un retroceso económico importante, debido entre otros factores a la prohibición de los puertos gallegos de comerciar con América; a los ataques de la flota inglesa a Vigo y a La Coruña, que impidió el gran intercambio marítimo con Europa; las guerras de España con Portugal, tras su segunda y definitiva independencia y una política arancelaria desastrosa.
 
Esta situación conduce a la emigración masiva de gallegos hacia América desde mediados del siglo XIX y hasta comienzos del XX.
 
Todo esto ha conformado una región de profunda identidad, con problemas de raíz histórica y valores culturales incuestionables, que poco a poco se incorpora al siglo XXI con esperanzas y una economía emergente.